Un día fatídico

¡Por fin en casa!, pensó. Había sido un día horrible. Estaba muy angustiada. Después de un rato de luchar con su conciencia, su cabeza le decía: la dieta, la dieta, la dieta…, abrió la caja convencida de que iba a darse un atracón histórico de chocolate y así aplacar su desazón. Pero cuál fue su sorpresa al abrirla y descubrir que sólo quedaba un bombón, un único, triste y hasta ridículo bombón. Se veía tan pequeño en esa gran caja vacía. Suerte que al menos era de su chocolate preferido: puro chocolate negro y relleno de licor,—¡algo ayudará!, pensó.

Toda esa ansiedad tenía una explicación. Llevaba ya dos años con su maravillosa pareja, de la que creía que era la persona ideal, lo que se dice un buen partido, pero resultó ser todo lo opuesto, era un mal partido que no le traería más que problemas.

Parecía ser un niño de familia bien, abogado con futuro porque trabajaba en el bufet de la familia, con aspiraciones profesionales, con caprichos caros, deportista y de repente había descubierto que, a excepción de lo de deportista, el resto resultaba ser una farsa total. Su familia hacía muchos años que se había arruinado, él no había acabado la carrera de derecho y por lo tanto, era un vulgar ayudante de abogado en un bufet que tampoco era de su familia, y lo peor de todo estaba cargado de deudas porque llevaba un tren de vida que no podía cubrir con su sueldo.

Todo esto lo había descubierto el día que conoció a su familia política y descubrió que no eran tan ricos como creía y que sólo tenían un poso de lo que alguna vez habían sido, pero nada más.

Su madre no paraba de decir lo contenta que estaba que, por fin, hubiera encontrado una chica que lo centrara, que lo apartara de las apuestas y de los caprichos de niño rico, que le pusiera los pies en el suelo.

Fue el peor día de Navidad de su vida, en medio del griterío de los diabólicos sobrinos de su novio, criaturas excitadas por las fechas en las que estaban, descubrir que nada era lo que parecía, provocó un gran bloqueo en ella que ni una caja entera de bombones de chocolate puro rellenos de licor podría resolver.

Esther Villanueva

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