El gat, la física i l’Elena

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La llum del pis es vessa en la foscor i un garbuix de música i veus s’escampa en la nit. Hi ha ombres fumant al balcó que de tant en tant tremolen amb l’esclat d’una rialla. Què coi és això? Mentre avanço pel carrer em va retornant allò que m’havia entestat en oblidar: la festa d’aniversari de l’Elena. De lluny m’arriba l’olor inconfusible de l’eufòria social i l’alegria impostada i la mandra m’aclapara com una flassada vella. Em paralitza. Per un instant, soc un espectre que es resisteix a anar cap a la llum. Penso en girar cua, però continuo endavant, em dic: Fes-ho per l’Elena. Fet i fet, no tinc on anar, i em ve de gust una cervesa. Pujo al pis, al tercer, i obro la porta amb la meva clau.

Un assortit d’espècimens humans, uniformes en la seva raresa, ha conquerit l’apartament. Sigue leyendo

Rebeca Morgan, la loba de Tanger

imagesAún no había acabado de recoger el desayuno cuando oí la puerta abrirse. Yolanda, al contrario que su padre, siempre llegaba puntual, cosa que se agradecía después de 12 horas trabajando de noche.
─Hola Juanjo. ¿Cómo ha ido la noche? ─preguntó ella mientras se quitaba la bufanda y el abrigo─. Ya me ha dicho mi padre que le ha vuelto a dar uno de sus ataques.
─Muy buenas Yolanda. Ahora lleva 48 horas estable. No creo que te dé problemas en todo el día y, si te da, me llamas y vengo. Estate tranquila. Ahora duerme por la medicación y supongo que hasta las 11 o así no se despertará. Podrás estudiar un rato. Es dura la “jodía”, esta nos jubila a ti y a mí.
─No sé. Yo la veo muy apagada últimamente… apenas come. Me parece que la pobre no aguantará mucho.
Ella tenía razón, Micaela no aguantaría más de dos semanas, pero no quería decirle la verdad por más que ella también la supiera. Me limité a ponerle la mano en el hombro y a decirle que no se preocupara, que su abuela todavía estaría mucho tiempo entre nosotros. En el fondo es lo que quería oír. Sigue leyendo

Nada es lo que parece. Humor y amor bajo el cielo de Granada

        taurus  Granada era su hogar, ese lugar en la tierra donde él se encontraba feliz y contento. Salim echó una mirada a su alrededor y comprobó que todo estaba en orden. Sus concubinas dormían tranquilas y sus guardianes estaban firmes y atentos en sus puestos.

          Los vigilantes eran necesarios para semejante harén, y aunque originalmente tenían nombres propios, él decidió cambiárselos, educarlos y hacer con ellos lo que quisiera, Sigue leyendo