ECOS DEL PASADO

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Per Montserrat Baduell Latorre

La casa está silenciosa. Silenciosa y mortalmente triste. Desde el exterior, a lo lejos, luce hermosa y magnífica, como una novia a la que han abandonado al pie del altar. De porte orgulloso, pero vacía por dentro. Sigue leyendo

¿Pero tú te quieres?

Por Montse Muñoz Rodríguez

-¿Pero tú te quieres? – Llevo una semana dándole vueltas a esta maldita pregunta. Aquella estúpida camarera me la hizo de manera automática al ver como yo volcaba, por accidente y sin inmutarme, mi plato de sopa hirviendo sobre mis piernas. Ella la hizo de forma instintiva, pero a mí me dejó mudo.

                        ¿Pero tú te quieres?

– ¿Me quiero? – No recuerdo sentirme querido en ningún momento de mi patética vida, tampoco haberlo sentido por nadie y menos aún por mí.
En el transcurso del tiempo, mi vida se ha ido llenando de rabia e ira; es el único sentimiento al que he dejado cavidad en ella. Ni tan siquiera odio, solo rabia.
No me siento orgulloso de ser quien he llegado a ser, pero tampoco me odio por ello. Soy un mierda… sí. Pura escoria. Sigue leyendo

El gat, la física i l’Elena

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La llum del pis es vessa en la foscor i un garbuix de música i veus s’escampa en la nit. Hi ha ombres fumant al balcó que de tant en tant tremolen amb l’esclat d’una rialla. Què coi és això? Mentre avanço pel carrer em va retornant allò que m’havia entestat en oblidar: la festa d’aniversari de l’Elena. De lluny m’arriba l’olor inconfusible de l’eufòria social i l’alegria impostada i la mandra m’aclapara com una flassada vella. Em paralitza. Per un instant, soc un espectre que es resisteix a anar cap a la llum. Penso en girar cua, però continuo endavant, em dic: Fes-ho per l’Elena. Fet i fet, no tinc on anar, i em ve de gust una cervesa. Pujo al pis, al tercer, i obro la porta amb la meva clau.

Un assortit d’espècimens humans, uniformes en la seva raresa, ha conquerit l’apartament. Sigue leyendo

Amistad

fosaCuando se abrió el maletero del coche, ambos se asomaron a su interior como si no supiesen lo que había dentro. Enseguida, el fuerte hedor que salía de aquellas 5 bolsas que supuraban sangre, les hizo retroceder unos metros. Y pensar que hacía apenas una hora esa chica estaba de una sola pieza.
Carlos y Ezequiel, amigos desde el instituto y que compartían piso desde que ambos acabaron la carrera, no paraban de mirarse. Para ser la primera vez que descuartizaban a alguien no parecían llevarlo muy mal, aunque el color grisáceo de su cara y el sudor frio recorriéndoles la frente les recordaba que aquello que hacían estaba mal.
Removieron con asco los sacos para poder coger las dos palas del maletero que, torpemente, habían metido allí dentro antes que los restos humanos. Un error de novatos. Sigue leyendo

Descubrimiento

Hacía días que se miraban. El trayecto del tren se hacía cada vez más corto. Habían entrado en un juego de miradas que difícilmente podrían parar. No sabían dónde les llevaría esa situación. Estaba claro que los dos querían que pasara algo pero no se atrevían a dar el paso.

Después de una semana de no coincidir con él en su trayecto diario, Laura empezaba a estar desesperada, no sabía por qué, pero estaba claro que debía confesarse a ella misma que deseaba conocer a ese chico, saber más de él y por su puesto tener algo con él.

Una tarde quedó con sus amigas para ver una exposición de fotografías que estaba teniendo mucho éxito. El autor era el amigo del ex de alguien, y ésta era la excusa. Pero en realidad la exposición no estaba nada mal. Eran láminas muy simples, mitad fotografía mitad dibujo, de líneas limpias, muy minimalista la verdad.

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De repente vio una cara que le llamó la atención. Era él. Aquel chico que llevaba meses viendo en el tren y que hacía semanas que no veía. No se lo podía creer.

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El maletín

imagesAquella tarde de martes Germán me llamó a su despacho. Parecía más nervioso de lo habitual, pero como su mujer llevaba un mes en coma tras un brutal accidente de tráfico, no le di mucha importancia. Sudaba mucho, transpiraba poco y hablaba atropelladamente. A pesar de ser amigo de mi familia de toda la vida, la verdad es que entre él y yo solo había un hola y un adiós a las salidas y entradas del ascensor. Por eso era más extraño que me llamara a su despacho ya que mi labor en la empresa no estaba estrictamente bajo su supervisión. Sigue leyendo