La adopción

imagesEra cuestión de tiempo que a mi vecina Virginia le regalaran aquel animal. Llevaba años obsesionada con ellos y, por fin, cuando cumplió los 11 años, sus padres consiguieron regalárselo. Me consta que no les fue fácil ni barato ni legal hacerlo. La llamó Princesa Beyoncé. La niña era feliz, por fin tenía lo que siempre quiso y, además, pasó a ser la niña más conocida de nuestra urbanización. Dos pájaros de un tiro.
Virginia adoraba a su nueva mascota, a su nuevo juguete de 10 kilos. La mimaba, la lavaba, le ponía un lazo rosa y la sacaba a pasear, dormía con ella, le daba de comer y hacía con ella todo lo que un niño cariñoso puede hacer con un animal.
Todo cambió cuando Princesa Beyoncé se hizo grande. La niña se cansó de ella, sacarla a hacer sus necesidades empezaba a ser un problema, los vecinos se habían acostumbrado a su presencia y ya no llamaban la atención y, debido a los más de 250 kilos del animal, ya no se podía jugar con ella con facilidad, ni siquiera meterla en la cama, donde no cabía. La gota que colmó el vaso fue cuando Princesa Beyoncé quiso montar al basset del vecino, rompiéndole las dos patas traseras al pobre perro. Entonces sus padres se vieron obligados a contarle la oscura verdad a su preciosa e inocente hija, una verdad que llevaban 3 años ocultando. Princesa Beyoncé era príncipe. Era un macho. Esto casi mata del disgusto a la pobre Virginia y, traumatizada, quiso desprenderse de él. Así fue como Virginia consiguió su pony y se deshizo de su hipopótamo pigmeo. Sigue leyendo

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Rebeca Morgan, la loba de Tanger

imagesAún no había acabado de recoger el desayuno cuando oí la puerta abrirse. Yolanda, al contrario que su padre, siempre llegaba puntual, cosa que se agradecía después de 12 horas trabajando de noche.
─Hola Juanjo. ¿Cómo ha ido la noche? ─preguntó ella mientras se quitaba la bufanda y el abrigo─. Ya me ha dicho mi padre que le ha vuelto a dar uno de sus ataques.
─Muy buenas Yolanda. Ahora lleva 48 horas estable. No creo que te dé problemas en todo el día y, si te da, me llamas y vengo. Estate tranquila. Ahora duerme por la medicación y supongo que hasta las 11 o así no se despertará. Podrás estudiar un rato. Es dura la “jodía”, esta nos jubila a ti y a mí.
─No sé. Yo la veo muy apagada últimamente… apenas come. Me parece que la pobre no aguantará mucho.
Ella tenía razón, Micaela no aguantaría más de dos semanas, pero no quería decirle la verdad por más que ella también la supiera. Me limité a ponerle la mano en el hombro y a decirle que no se preocupara, que su abuela todavía estaría mucho tiempo entre nosotros. En el fondo es lo que quería oír. Sigue leyendo

Bajo mi cama

bajo cama

Desde pequeña, ya con 4 o 5 años, siempre había sentido la necesidad de, cada vez que estaba nerviosa, triste o enfadada, meterme debajo de mi cama, totalmente a oscuras. Dejaba pasar las horas, hasta que los problemas y los enfados, por la razón que fuera, desaparecían. Aún hoy, ya con 36, lo sigo haciendo, pero en lugar de meterme bajo la cama con Alfredo, mi osito de peluche, lo hago con mi hija Susana. Sigue leyendo

Vergonya

Només girar el carrer, i allà estava. Assentat al aparador d’una botiga, d’aquestes que tenen un esglaó, que no estan a ran de terra, i que en hi ha tantes a la meva ciutat. Era un de tants dels que havia vist aquell dia. Dels molts que proliferen per tots els carres, sigui quina sigui la barriada. Començava a fer-se fosc. Era una tarda d’hivern que no feia massa fred, Ell ocupava tot l’aparador, en aquell esglaó fred, potser de marbre blanc, que tot just es veia, ocupat com estava per ell i la seva roba escampada. Sigue leyendo

Vergüenza ajena

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¡Yo la sé! la respuesta; ¡yo la sé!  El “Romance de la Luna, luna” pertenece al Romancero Gitano y lo compuso Federico García Lorca.

Podría levantar la mano y responder, y el “Hoyuelos” , el profe de Literatura,  sonreiría satisfecho haciendo honor al mote que le hemos puesto. Pero no sé a quién quiero engañar; no voy a levantar la mano. Sólo de pensarlo, se me hace un nudo en el estómago,  así que esquivo la mirada del de Lite
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Una mala idea

Grey-Goose-Martini-Galáctico

La semana pasada, Laura, mi rubísima y glamurosa hermana pequeña, me manda un escueto sms : “Tengo que contarte algo”. Ya en ese momento imagino que más que contarme algo, lo que Lau quiere es” pedirme” algo. Ese es siempre su modus operandi: ella me envía un breve e intrigante mensaje, yo le envío otro preguntándole de qué va el asunto, y tras esperar todo el día a que me conteste, soy yo la que acabo llamándola para que me explique. Y entonces ella me pide algo: dinero, el coche, mi mejor jersey… Sigue leyendo