Espejismos

Solo faltan dos horas. Dos larguísimas horas para otra cena estúpida a la que no me apetece ir, rodeada de personas que ni me vienen ni me van y con las que no tengo nada que compartir. Sigue leyendo

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La gran noche

Nos hacemos paso entre la multitud, él aprieta fuertemente mi mano, el griterío es ensordecedor, apenas puedo escucharle y no entiendo lo que me dice, pero veo su sonrisa y eso me tranquiliza; nada malo me puede suceder si estoy junto a él.  ¡El clásico ha sido una pasada! Sigue leyendo

Chica poco convencional

No me gusta ir a la peluquería, me resulta irritante estar ahí tanto tiempo esperando, para que me hagan algo, que con las herramientas adecuadas, yo podría hacerme en casa en la mitad de tiempo, lejos del incesante parloteo de las clientas, con ese elevado tono de voz. Pero eso las demás chicas no pueden entenderlo, ellas lo ven como algo genial y estupendo, ya que mientras están allí, no tienen que aguantar a sus familias que son, para ellas, un pequeño lastre que no las deja respirar.

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Nachtmusik

Odio a Mozart. Suena “Eine Kleine Nachtmusik” y te veo pálida, sentada en el piso de la cocina rodeada de pan tostado formando un círculo, tú con dos rebanadas tapándote los oídos. Mozart a todo volumen desde la sala y dentro del acuario la colección de sellos más valiosa de papá. Intenté acercarme a ti, pero a cada rebanada que crujía a mi paso, tú te arrinconabas y gemías. La sirena de la ambulancia se fundió con tus gritos suplicando que cuidáramos tus flores, las de papel maché. Durante estos años sólo preguntaste por ellas. Te odiaba por no reconocerme nunca, por verme sin mirarme. Hoy que descubro que sólo tengo un matrimonio fracasado e hijos indiferentes, hoy comprendo tu círculo de pan, tu ira, tu miedo. Te he llevado flores al hospital, nos hemos hecho unos hermosos sombreros. Y por primera vez en tanto tiempo me miraste y dijiste: “Hija”.

Giselle García

(Microrrelato ganador del concurso “¿Y tú qué sabes?”, del Festival PhotoEspaña 2003)

Espejismos

Featured imageSolo faltan ocho horas. Ocho larguísimas horas para otra cena estúpida a la que no me apetece ir rodeada de personas que ni me vienen ni me van y con las que no tengo nada que compartir.
Seguramente alardearán de su nuevo deportivo, o de la reciente transformación del chalet de la costa por el más prestigioso decorador de interiores de BCN. Sigue leyendo