Ramón no podía entender que hacía allí.
Se había dejado arrastrar por el cariño hacía su nieta, Julia, a una conferencia de la cual no sabía nada.
La sonrisa de Julia, sentada a su lado, le transmite tranquilidad.
La sala del Palau de Congresos de Montjüic estaba repleta, lleno hasta la bandera. El o la conferenciante debe ser una persona muy relevante para convocar a tanta gente. Sigue leyendo