El Tao

“Según la filosofía del Tao, todo en el universo está en constante cambio, evolucionando lentamente y cambiando de estado, manteniendo las cosas en orden y equilibrio. Las personas que entienden este hecho y lo aceptan, consiguen vivir en armonía.”

Esas palabras eran un poco complejas de entender después de la segunda copa de sake. El resto de comerciales que estaban sentados en aquella mesa redonda, hacían burlas y chistes malos sobre las palabras que Midori les intentaba explicar en un perfecto inglés sobre su país y su cultura. La hermosa chica japonesa tenía esa noche un difícil cometido: entretener a unos extranjeros maleducados y borrachos que habían viajado casi medio mundo para cerrar unos importantes acuerdos con las mayores distribuidoras de ropa asiáticas. En la sala de actos de un lujoso hotel, se había organizado una enorme fiesta, para despedir a la gran delegación de comerciales que representaban las firmas con más renombre de toda Europa y que habían asistido al evento estrella del año.

taoEntre ellos estaba Pau Freixas, un barcelonés de unos cuarenta años de edad que escuchaba atentamente las palabras de Midori. A su lado se sentaba Francesc Parello, un antiguo amigo y colega profesional, hasta que cinco años atrás, el despido de Pau por parte de la firma italiana donde trabajaban, los separó. Pau nunca perdonó a Francesc por la actitud que tuvo en aquel affaire y la amistad se perdió, pero el trabajo le obligaba a encontrárselo frecuentemente en sus viajes.

-¿Qué mierda de croqueta es ésta? – Dijo Francesc en castellano y casi borracho cuando el camarero le sirvió el plato.

-Sigues siendo igual de grosero, dejas a los españoles en evidencia. – Le reprochó Pau inmediatamente, pues aunque en la mesa se hablaba inglés, esas palabras no le habían gustado.

-Se llama korokke, Sr. Parello y está hecho de puré de patata y trozos de marisco, empanados con harina y migajas de pan. – Dijo Midori en un castellano casi impecable. – Aunque también puede estar rellena de carne o cualquier verdura.

Pau y Francesc se quedaron atónitos al ver que Midori les había entendido perfectamente.

-Disculpa a mi colega, el sake no le sienta muy bien. – Dijo Pau avergonzado.

Midori guardó silencio y contestó a otra pregunta que le hizo un comercial alemán desde el otro lado de la mesa. Pau se asombró al ver que la chica japonesa contestara también en alemán a las preguntas que le hacían, pues a su joven edad, dominaba tres idiomas extranjeros. Pau empezó a comer aquellas croquetas japonesas, apartó la rodaja de limón que las adornaban y las baño con una salsa que los camareros habían traído con el plato.

-Tonkatsu- Dijo Midori y Pau alzó la vista hasta encontrarse con la mirada de la chica en él – La salsa se llama tonkatsu.

-Tonkatsu – Repitió Pau y le dio un bocado a su korokke.

Después de saborear aquel manjar hizo un gesto de aprobación y emitió un pequeño sonido de gusto mirando nuevamente a Midori, que esperaba su reacción.

-Donde esté una buena croqueta española… – Dijo Francesc apartando el plato con la mano de forma casi grosera. Pero parecía que a nadie le importaba su opinión, pues todo el mundo en la mesa comía korokke, a excepción de Midori, claro.

Los empresarios japoneses no habían escatimado gasto alguno para que los comerciales se fueran de Japón con una agradable sensación. Durante los tres días que duró la convención, comieron y bebieron lo que quisieron en todo momento, sin importar el precio. Tanto las firmas europeas, como las distribuidoras japonesas, estaban muy satisfechas con los importantes acuerdos que se cerraban y eso se notaba a la hora de proporcionar a los empleados, una buena serie de comodidades. Una de ellas era la de disponer de una hermosa y joven guía para que no se perdiera nadie en los trayectos, pues aquella ciudad era un autentico laberinto. Aparte de llevar a los extranjeros de aquí para allá, ejercía de traductora a los que no dominaban bien el complejo idioma japonés. Midori era una de esas guías. No debía de tener más de veinticinco años de edad, el pelo de color negro, con un liso perfecto y todas las puntas cortadas al mismo nivel con una excelente precisión. La empresa exigía que su aspecto fuera lo más acorde con la ocasión y le costeaban la peluquería diariamente si era necesario. Su cara no era tan redonda como la mayoría de japonesas, era un poco más alargada, con lo que sus ojos rasgados resaltaban muchísimo más. Sus pechos eran también más voluptuosos, con lo que Pau y el resto de comensales, tras el alcohol, empezaban a ver a Midori con otros ojos. No media más de metro setenta y vestía como una azafata, con una falda negra por las rodillas, camisa blanca y un precioso pañuelo azul marino en forma de corbata.

De repente la luz de la sala se atenuó y unos focos centraron la atención hacia el final de la sala, donde había un escenario con unas grandes cortinas decoradas con unas preciosas flores y unos pájaros exóticos. Se abrieron y dieron paso a cinco japoneses colocados en línea, vestidos con unos trajes tradicionales y unos enormes tambores delante de ellos. Empezaron a tocarlos con unas grandes mazas de madera, proporcionando un sonido muy intenso y penetrante en la sala.

-Taiko – Dijo Midori mirando a Pau fijamente – Gran tambor. Big Drum – Especificó en ingles.

Aunque todos los que estaban sentados oyeron a Midori, ella solo miraba a Pau. Esto empezó a irritar a Francesc, que veía como pasaba desapercibido. Así que repitió el vocablo para llamar la atención de Midori, pero nadie le hizo caso.

-Pueden llegar a pesar trescientos kilos y son utilizados en fiestas populares – Aclaró en inglés – como por ejemplo en la fiesta de hanami.

La mayoría de comensales de la mesa miraban atónitos el espectáculo de percusión, a excepción de Pau y Francesc, que escuchaban a Midori.

-¿Qué es el hanami? – Preguntó Pau en castellano al ver que los demás no prestaban atención.

-En primavera, – Dijo Midori en castellano – celebramos que la flor del cerezo inunda todos los parques y jardines con su belleza. El resto del año, los arboles solo tienen hojas y en invierno están desnudos. Es algo muy corto, pues al poco de florecer, las hojas se caen y se las lleva el viento. Para nosotros simboliza el renacimiento de la vida como un nuevo comienzo. Un ciclo sin fin, año tras año.

Aquellas palabras sumamente filosóficas tenían absorto a Pau. Conocía por encima la cultura japonesa pero oírlas a través de la dulce voz de la hermosa joven, hacia que llegaran muy adentro de su ser.

Después de la actuación y tras varios platos de comida más, la cena terminó y llegó el momento estrella de la fiesta: el karaoke. Diversos grupos de comerciales con sus respectivas guías se amontonaban en el hall del hotel, dispuestos a disfrutar de la última noche en tierras niponas. Mientras los comensales esperaban el autobús que les llevara al local de moda, Francesc tenía otros planes:

-Midori, tienes la obligación de hacernos de guía, ¿verdad? – Le dijo con aire arrogante.

-Así es Sr.Parello.- Contestó ella manteniendo la compostura.

-Y tienes que llevarnos a donde queramos, ¿verdad? – Siguió preguntando Francesc.

-Correcto Sr. Parello.

-Entonces quiero que me lleves a uno de esos hoteles del amor. – Soltó Francesc clavando la mirada en los ojos de Midori.

Aquellos hoteles, repartidos por todo el país, son el lugar donde van los hombres casados con sus amantes para tener encuentros sexuales a escondidas. Disponen de salas con espectáculos eróticos, saunas, jacuzzis y seguramente muchísimos secretos más que los occidentales desconocen. Midori apenas se sorprendió al oír aquellas palabras, pues seguramente debería de oírlas en cada convención. Pidió disculpas y dijo que tenía que hacer una llamada, por lo que se alejó unos metros, sacó su móvil y llamó a su superior en la empresa.

-Pero Francesc, ¿estás loco? ¿Y tu mujer? – Dijo Pau indignado aprovechando el momento.

-Bah, ella no se va a enterar… Estoy muy lejos. – Dijo con un gran desprecio.

Midori volvió enseguida y no dejó tiempo para que siguieran discutiendo, pues de inmediato le anunció que cogerían un taxi y le enseñaría uno de esos famosos hoteles. Francesc entonces miró a Pau con una mirada de soberbia, como si hubiese ganado un premio y quisiera restregarle que él se llevaba a la chica.

Pau recordó el historial de malos tratos que tenía su ex amigo. Como hubo una época donde estuvo metido en problemas por culpa de su carácter violento y déspota que le costó el matrimonio con su primera esposa y alguna noche de calabozo. Lástima que su ex mujer retirara la denuncia, pues se merecía un buen escarmiento.

Entonces, en un impulso por evitar que Midori tuviera que ir sola con Francesc, dijo:

-Yo también quiero ir. Nunca he estado en uno de esos sitios.

La cara de Francesc cambió completamente. No se esperaba ese movimiento tan atrevido de Pau que le estaba fastidiando la jugada. Sin embargo Midori permanecía impasible y fría.

-Vaya…- dijo Francesc malhumorado- el que hace un momento me estaba reprochando algo sobre el matrimonio. –

-Yo no diré nada, si tú no dices nada… – Respondió Pau.

Cogieron un taxi y tras un pequeño viaje por aquellas calles atiborradas, iluminadas con cientos de luces y rótulos de neón, llegaron al susodicho hotel. No se habían dicho nada durante todo el trayecto y la tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Pau tenía muy claro que no quería tener sexo con nadie, que solamente había sido un gesto paternal para salvar a la joven Midori de las garras de Francisco. Y estaba tranquilo porque sabía que su mujer lo entendería cuando le contara toda la historia. El taxi entró directamente por el parking del hotel, parándose en una especie de vestíbulo, que con unas cortinas, protegía y garantizaba la intimidad de sus clientes.

-Sr. Parello, Sr. Freixas, aquí es. – Dijo Midori cabizbaja como avergonzada por la situación – Os están esperando, mi superior avisó de vuestra llegada. No tendréis problemas con el idioma, pues el inglés es un requisito indispensable para trabajar en el hotel. Una vez dentro, podréis elegir a las chicas que os acompañaran a las habitaciones. Está todo pagado. Disfruten de su estancia.

Entonces Francesc al ver que Midori se estaba despidiendo y no bajaba del taxi, llevó esa situación mucho más lejos.

-Pero, entrarás con nosotros, ¿no?

Midori hizo una pausa y contestó:

-Si es lo que desea señor Parello… – Dijo sin apenas inmutarse y se bajó del coche.

-¿Pero? Francesc, ¿qué estás diciendo? Si es una broma, ponle fin ahora mismo – Pau estaba realmente indignado.

-No es la primera vez que ocurre señor Freixas. Tengo órdenes de complacer en todo lo que se me pida – Dijo Midori mientras se adentraba a la recepción dejando atrás a los chicos.

Aquellas palabras chocaron en la cabeza de Pau, pues no entendía como una chica como ella, con ese nivel cultural, podía afrontar tal situación con semejante frialdad y obediencia. ¿Prostituirse? ¿Y obligada? Eso es ilegal y denigrante pensó de inmediato.

-No lo hagas, no tienes porque hacerlo. – Dijo Pau adelantando el paso para ponerse a su lado y la cogió de la muñeca para detenerla.

Midori levantó la vista y le dijo con un aire muy serio:

-No me juzgue señor Freixas. No sabe nada de cómo son las cosas aquí. Si no obedezco, el señor Parello con solo llamar a mi superior y decirle que está molesto conmigo porque no he sido una buena guía, me despedirá inmediatamente. Y jamás volveré a trabajar en este sector, pues esa mancha quedará para siempre en mi expediente. ¿Sabe lo difícil que es encontrar trabajo en este país?

-N..no…- Pau titubeó al recibir tal respuesta por parte de aquella encantadora chica.

-Mis padres hipotecaron su casa a cien años. Cien años. Tengo la obligación y el deber de pagar los años que faltan…- una lágrima recorrió la mejilla de Midori y enseguida cambió de actitud – Disculpe mi comportamiento señor Freixas, no volverá a ocurrir. – Dijo bajando la cabeza y adoptando una actitud sumisa mientras se recogía la lagrima.

Francesc llegó a su altura, rodeó el hombro de Midori con su brazo y dijo:

-Venga Midori, vamos a disfrutar de esta última noche en Japón.

Aquellas palabras causaron un enorme resquemor en Pau. No podía creer lo que estaba pasando y como se estaba complicando aquella noche. Quizás hubiera sido mejor quedarse en el hotel, como hicieron los compañeros que estaban muy borrachos. O haber ido al karaoke y no intentar salvar a una pobre chica de las garras de un pervertido como era Francesc. ¿Cien años de hipoteca? Aquello le parecía una locura, pues con el sueldo de él y su mujer, hacía ya algunos años que la tenían pagada. Vivian bien, no con demasiados lujos, pero si se podían permitir tener dos BMW, un dúplex con piscina a las afueras de Barcelona y algún que otro capricho. La tristeza invadió a Pau por un momento, pues aquellas palabras de Midori eran las que cualquiera diría en su misma situación.

Tras dejar los abrigos en recepción entraron en lo que parecía la sala principal. Se sentaron en unos sillones de piel negros muy cómodos, de forma circular. Delante tenían una pequeña mesita donde habían dejado los cocteles que habían pedido a la camarera cuando tomaron asiento. Habían bastantes más rincones con personas como el suyo por toda la sala, pero era difícil distinguir el número exacto y quien los ocupaba dado la tenue luz que imperaba. Midori estaba en medio de los dos chicos y Francesc ya estaba acariciándole el muslo con una mano y con la otra le rodeaba el cuello, como si quisiera que no se escapase. No habían dado dos sorbos a su cóctel cuando llegaron dos japonesas altas y esbeltas, en ropa interior a la mesa, preguntando por el señor Freixas y Parello.

-Eh, mira que bellezas – Dijo Francesc al verlas. – Son todas tuyas Pau, yo me quedo con Midori.

Aquellas palabras encendieron aun más si cabe a Pau, que veía una autentica injusticia todo lo que estaba sufriendo Midori.

-N..no cal chicas, podéis iros – Dijo Pau medio avergonzado en inglés. Pero las chicas no le hicieron caso y se sentaron al lado de Pau.

-Si las rechaza, señor Freixas, las despedirán por no complacer a los clientes. – Dijo Midori con total frialdad.

Aquello se estaba complicando cada vez más para Pau. Ya no solo por querer salvar a Midori, si no porque ahora el trabajo de dos jóvenes chicas dependía también de su actitud hacia ellas.

Entonces, en medio del local, en lo que parecía una tarima cuadrada negra, empezó un espectáculo. Tras una nube de humo proyectada por esos cañones que hay en las discotecas, apareció una mujer vestida con un traje de látex negro. Solamente tenía la cabeza fuera de ese apretado y reluciente traje. Llevaba unas botas altas, con unos tacones de aguja y antes de poder ver algún detalle más, hizo sonar por sorpresa un látigo al aire. Comenzó a subir a la tarima una chica desnuda, caminando lentamente a cuatro patas hacia ella. Al llegar, se quedó quieta y tras un gesto con la mano de quien parecía su ama, ésta se levantó. La chica desnuda tenía las manos en la espalda y esperaba cabizbaja mientras la otra chica daba vueltas alrededor de ella. Lentamente le iba acariciando todo el cuerpo de una forma sensual con su látigo, hasta que cogió unas cuerdas y la empezó a atar. Pau estaba absorto con el fascinante y esperpéntico espectáculo. A su lado, las dos chicas japonesas lo estaban acariciando, pero Pau, no quitaba ojo de la tarima y de lo que ocurría en él. Finalmente la chica desnuda quedó atada por los pies, las manos y por todo el cuerpo, de una forma artística y muy sensual. Acto seguido la mujer atadora pasó un extremo de la cuerda por unos mosquetones que había en el techo, y la chica quedó en suspensión a un metro del suelo, dándole una pincelada extra de complejidad al espectáculo. Pau nunca había visto nada igual, por lo que se giró y fue a preguntar a Midori sobre aquello, pero Francesc la tenia ocupada con la cabeza en su entrepierna. Francesc miraba con aire victorioso y desafiante a Pau mientras aquella pobre chica le practicaba una felación.

A Pau le entraron nauseas y todo le empezó a dar vueltas por lo que tuvo que ir de forma precipitada al baño. Aquella imagen le carcomía por dentro, le hervía la sangre, Francesc había llevado demasiado lejos aquel estúpido pulso. Tras vomitar toda la cena,  se limpió la boca en el lavamanos. Se miró al espejo, estaba pálido y su corazón bombeaba con mucha intensidad. Un sudor frio le caía por la sien y sabía que tenía que hacer algo. Nunca se había encarado a él, ni siquiera cuando fue despedido de su anterior trabajo por encubrirle. Prefirió aguantar todo aquel chaparrón y sentirse desdichado. Pero esta vez se había pasado de la ralla, así que se repitió una y otra vez que saldría del baño, lo agarraría de la solapa y se irían para el hotel. Una vez reunió la valentía necesaria para plantarle cara, volvió a la mesa, pero solamente estaban las dos chicas japonesas. Toda aquella valentía se convirtió en desesperación. Había perdido la noción del tiempo y quizás llevaba más rato en el lavabo del que se había pensado en un primer instante. No quería ni imaginar las cosas que era capaz de hacer aquel imbécil sabiendo de la total disponibilidad del cuerpo sumiso de Midori.

-Han subido a vuestra habitación, – Dijo una de las chicas en ingles cuando Pau preguntó donde habían ido – Es la 209, ¿subimos?

-Si, si vamos, deprisa – Contestó apurado.

Una de las chicas abrió la puerta de la habitación con una pulsera magnética que llevaba en la muñeca y Pau se precipitó bruscamente gritando el nombre de Midori. Cuando entraron se encontraron a Francesc arrodillado en los pies de la cama, llorando como un niño y mirándose las manos. Había un cuerpo tirado en la cama, era Midori, sin duda alguna, que yacía inmóvil, sin la falda, con la camisa desabrochada y aquel precioso pañuelo azul marino fuertemente enrollado en su cuello.

-¡Oh Dios mío! ¿Qué has hecho? – Dijo Pau incrédulo.

Las dos chicas corrieron despavoridas entre gritos al ver que Midori yacía laxa en la cama y Pau se acercó sollozando. Por un momento pensó que todo aquello era irreal y que Midori iba a despertar en cualquier momento.

-Se…Se me fue de las manos, fue ella quien me dijo que la apretase del cuello muy fuerte… – Intentaba excusarse Francesc balbuceando – Y … y luego, dejó de moverse…

-¡Y una mierda! ¡Has sido tú! – Dijo Pau rabioso – ¡Está muerta!, ¡Te la has cargado! – Gritó encarándose a Francesc después de ver aquel pañuelo alrededor del cuello de Midori.

-Ayúdame Pau, vámonos antes de que venga la policía. – Se levantó y empezó a subirse los pantalones de forma torpe y nerviosa.

Esas palabras hicieron que Pau perdiera el control y empezó a propinarle tal serie de puñetazos que acabó dejándolo inconsciente en el suelo de aquella habitación. Tantas injusticias juntas sobre aquella pobre chica desataron una furia desconocida en él. Siguió propinándole puñetazos, destrozándose las manos al impactar con los huesos de la cabeza inerte de Francesc. Incluso cuando el personal de seguridad llegó a la habitación, tuvieron que emplearse a fondo y duramente para reducirlo. Pau tenía la sensación de que con cada puñetazo que le propinaba, se nivelaba un poquito la balanza y de esta forma equilibraba el universo. Ese injusto universo del cual hablaba Midori horas atrás durante la cena.

Finalmente Pau regresó a casa tras dos semanas duras de abogados, horas en comisaría y muchas, muchísimas explicaciones. Esta vez Francesc no tuvo tanta suerte y fue finalmente a la cárcel. Ahora sin trabajo y tras la separación, tuvo que vender muchísimas cosas para poder pagar aquellos carísimos abogados y seguir adelante con su vida. Solo y arruinado, todas las mañanas da largos paseos por los jardines y parques de Barcelona, mirando las preciosas flores que hay en ellos. Antes de volver, siempre se detiene en aquella que más le gusta, para recordar aquella joven japonesa que le enseño la lección más importante de su vida: “Todo en el universo está en constante cambio, evolucionando lentamente y cambiando de estado, manteniendo las cosas en orden y equilibrio. Las personas que entienden este hecho y lo aceptan, consiguen vivir en armonía.”

Pedro Catalán.

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2 comentarios en “El Tao

  1. Me ha gustado leerlo tanto o más que oírlo de viva voz de labios del narrador.
    Muy bien narrado, rico en detalles descriptivos consigue situar al lector dentro de la escena y mantener la atención en todo momento. Bravo!!!

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  2. Exacto, Mar. Bien descrito y narrado, y con la dosis de intriga necesaria para enganchar al lector hasta el final.
    Enhorabuena por tu “estreno” , Peter 😉

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