La novela romántica de ayer y de hoy

cn_image_size_fifty-shades-of-grey105088827Esta comunicación se propone, en primer lugar, establecer relaciones entre la novela rosa de Corín Tellado durante la década de los 60’ en España y un modelo de novela sentimental actual; Cincuenta sombras de Grey. En segundo lugar, planteará si el modelo narrativo actual ofrece un modelo femenino verdaderamente actualizado o si este sigue siendo nocivo para las lectoras.

Este primer modelo narrativo está vinculado a la posguerra española y, al haber sido estudiado a fondo, se le atribuyen unos objetivos sociológicos concretos. Las lectoras se veían invadidas por un romance sustentado en una relación de desigualdad, donde el protagonista masculino –misterioso, rudo y serio- está dotado de más experiencia vital y sexual que ella, y por lo tanto, tiene el deber de protegerla, de educarla y de introducirla en el amor físico.  La protagonista femenina -delicada, frágil, sensible, supeditada al amparo masculino y anhelante de ser rescatada- colma al héroe de cuidados maternales y responde a sus enseñanzas amatorias introduciéndole en la gestión de sus emociones, ya que el protagonista masculino no es más que un adolescente o un niño desde el punto de vista emocional.

A través de estos arquetipos, Andrés Amorós demuestra que la novela consigue proyectar los sueños de las lectoras, ya que estas se encuentran con una visión idealizada de sí mismas, se identifican con la protagonista y sufren con ella, hecho que provoca que su espíritu crítico quede adormecido. Peinado Rodríguez y Anta Félez defienden que, a través de este modelo narrativo, la lectora sentía que adquiría un espacio propio. Teniendo en cuenta que se trata de publicaciones de posguerra, momento en el que el matrimonio era la única aspiración digna de toda mujer, no es de extrañar que se le diera un tono femenino para que ella creyera que algo le pertenecía. Según Francisca López, esta lectura también “aporta una serie de fantasías a las que la mujer se acogía para olvidar una existencia carente de sorpresas.”Sin embargo, ¿están realmente superados estos arquetipos viciados de la novela sentimental de posguerra?

Para el análisis de la novela rosa de Corín Tellado se han escogido los títulos eres una pecadora (pecadora), un hombre ante mi puerta (hombre) y una chica valiente (chica). En cuanto a la elección del modelo actual, Cincuenta sombras de Greyes obra de una autora británica, por lo que la influencia sobre el lector a la que se refiere esta comunicación pasaría a ser internacional. Salió publicado por primera vez en Inglaterra en 2011 y se considera todo un fenómeno editorial. El análisis se iniciará con aquellos elementos en común entre los dos modelos narrativos y seguidamente se expondrán las divergencias.

En todas las novelas leídas para el análisis, el héroe es profundamente celoso y desempeña un rol autoritario y posesivo, que manifiesta abiertamente dejándole muy claro a la protagonista que ella es suya y no puede serlo de nadie más. Esto conduce también al tratamiento de los celos como señal de amor y a la necesidad de proteger lo que es suyo ante la amenaza de otro hombre (chica, pecadora)A menudo, esta amenaza es representada en un triángulo amoroso. El pretendiente – jamás correspondido por la protagonista- puede ser un buen hombre que se retira galantemente (chica)o bien un hombre mezquino que procura romper la relación sentimental de los protagonistas (pecadora). En Cincuenta sombras de Greyaparecen ambos arquetipos de oponentes.

Este protagonista masculino autoritario y posesivo suele ser perfectamente capaz de mantener económicamente a la protagonista, y tal vez sea este el motivo de su necesidad de controlarlo todo, incluido ella. Es también habitual que al principio de la novela él sea un canalla reacio al matrimonio que ha disfrutado de la compañía de diversas mujeres a lo largo de su vida, mujeres que sueñan ingenuamente con “cazarle” (hombre, chica). Este estilo de vida acabará cuando la conozca a ella, se enamore irremediablemente y, a través de su amor, su manera de ser evolucione ostensiblemente. Él siempre se propondrá doblegarla a su voluntad, pero con el desarrollo de la trama considerará que ha sido él quien ha sucumbido a su honestidad y virtuosidad. Ella, cumpliendo los objetivos de la chica de posguerra, lo convierte en un sentimental, deja huella en él y logra que él se libere emocionalmente y le confiese todos sus demonios.

Como ya se ha comentado, el modelo femenino marca que la protagonista es bastante más joven que él, casi una niña, que su inocencia realza su belleza natural y que seduce sin proponérselo. Debe ser, además, sensible y soñadora, pero, como señala Carmen Martín Gaite, esto puede llegar a ser un peligro si la mujer lee demasiado. Se trata del tipo de “mujer novelera”; en algunas novelas de Corín Tellado, esta afición se ve como un hábito que solía tener la protagonista antes de conocerle a él, cuando era más joven e ingenua. En Cincuenta sombras de Grey, este hábito de lectura forma parte de la profesión de la protagonista, y de hecho ella compara varias veces a Grey con un caballero o un héroe literario, pero no obstante el protagonista masculino llega a reflexionar lo siguiente: “¿literatura inglesa? Las Brontë y Austen, seguro. Esas novelas románticas llenas de corazones y flores. Joder. Eso no es bueno.”

Independientemente de cómo evolucione la trama o cuántos obstáculos encuentren los héroes, si hay algo que relaciona todas las novelas de este análisis es el final feliz. Acabará en boda – a ser posible, con algún bebé en camino- y, si la boda ha tenido lugar al principio o a mitad de la trama, los protagonistas sentirán que ha habido una “reactivación” de ese matrimonio después de resolver los conflictos,  reencontrarse y reconciliarse.

Dejando al margen las convivencias entre el modelo actual y la novela sentimental de posguerra, llega el momento de plantearse qué elementos hacen que el modelo actual sea considerado “moderno” y “liberador” para la mujer, y si estas consideraciones son fundadas o si por el contrario cumplen la función de distraer al lector.

Podría creerse que se han superado algunas de las funciones de la novela rosa de posguerra; la mujer puede confeccionarse una carrera profesional – si el sector y sus circunstancias se lo permiten- e incluso puede decidir no casarse sin ser repudiada socialmente, pero lo cierto es que la masa social sigue vinculando a la mujer a la función doméstica, trabaje o no, y por lo tanto, sigue existiendo la necesidad de sentir que tiene un espacio propio y que le encanta, aunque tenga que decorarlo de flores y corazones para conseguirlo. La función de adormecer el espíritu crítico también sigue siendo perfectamente vigente. Si la desventaja frente al sexo masculino continúa, se mantiene también la necesidad de silenciar aquellos elementos que limitan la independencia de la mujer para evitar que la reclame. Este “opio para la mujer” está impregnado de fantasías y de cuentos de hadas para conseguir que la lectora olvide promesas nunca cumplidas, aunque sea con más promesas de la misma índole.

Pese a las deudas con el pasado que se han señalado hasta ahora, no es de extrañar que el modelo actual de novela romántica haya evolucionado. Lógicamente, algunos cambios sociológicos han tenido repercusión en la economía, en las costumbres amorosas y en el tratamiento del sexo, por ejemplo. Es por eso que en la novela encontramos ciertos “espejismos” de libertad; pueden identificarse algunos cambios sintomáticos e inmediatamente parece que las sociedades reflejadas en los dos tipos de novelas no tienen nada que ver entre sí. La protagonista de Cincuenta sombras de Greytrabaja, e incluso podría mantenerse económicamente a sí misma si estuviera soltera. Grey admira su inteligencia y el hecho de que ella pueda mantener una conversación a su nivel cultural. No solo eso, ella misma reivindica su deseo de trabajar y su necesidad de sentirse realizada profesionalmente sin que su carrera tenga nada que ver con él. No deja de ser significativo que se reconozca también la existencia del deseo sexual femenino y que además se reivindique el descubrimiento sexual de la protagonista; siempre, eso sí, gracias al adiestramiento que él lleva a cabo. Existe también una aparente libertad en el hecho de que ella sea la única mujer que no firma el contrato de sumisión que Grey propone, y que ni siquiera en los votos matrimoniales prometa obedecerle, como se indica repetidamente en la novela. Ha de reconocerse, eso sí, que el protagonista masculino le pide comunicación y confianza, todo un avance respecto a la sociedad que conoció Martín Gaite.

Sin embargo, esta evolución es solo superficial. La mayoría de los personajes masculinos jóvenes emplean el vocativo “nena” para referirse a ellas en un tono posesivo. Grey mantiene a la protagonista en una jaula dorada de protección a pesar de que jura, enamorado, que es ella quién tiene el control de la relación. Se observa que ella procura plantarle cara al protagonista masculino, pero su carácter siempre se desvanece cuando discuten en persona, y en la mayoría de las ocasiones ha de recurrir a correos electrónicos para expresar con dignidad sus necesidades.

Es significativo cómo ella realiza un esfuerzo por reafirmar su autosuficiencia e independencia, y cómo justo después él hace o dice algo que invalida su gesto previo. Ante un acoso sexual, se ve en la necesidad de ser rescatada, aunque ella se haya defendido con anterioridad. Puede ocurrir que los celos enfermizos y el control injustificado de él acaben no siendo infundados y lleguen a ser justificados incluso, o que ella ceda en su determinación para no poner en peligro la relación. Con esto se sigue siempre el mismo patrón: Él trata de ejercer un control desmedido, ella reacciona con rebeldía, él muestra su deseo de castigarla y al poco después se arrepiente y se muestra profundamente tierno. Finalmente, siempre se recurre al sexo para desviar la atención del lector y que la discusión desaparezca. Como consecuencia de esto, ella actúa siempre pensando cómo podrá reaccionar él; temiendo que se enfade, deseando darle lo que quiere y pidiendo permiso para salir o hacer lo que sea. Pero tal vez lo más alarmante sea que ella, en el fondo, esté encantada y crea que su pareja es todo lo que una chica puede desear. Literalmente, llega a expresar: “¿Cómo voy a enfadarme con él si huele tan bien?”.  En un momento concreto de la trama, ella decide romper la relación, pero días después permite que él invada su espacio e incluso llega a provocarle para que la bese. A él, por otra parte, le es indiferente que ella le haya dejado, ya que ha decidido recuperarla y siempre consigue lo que quiere.

Me gustaría finalizar la comunicación con una cita de La Fundación de Mujeres extraída de su monográfico Coeducación y mitos del amor romántico: “Una alta asunción e inadecuada interpretación de mitos de amor romántico se convierte en la causante de que se desarrollen creencias e imágenes idealizadas que en numerosas ocasiones dificultan el establecimiento de relaciones sanas y tolerancia a comportamientos abusivos.”  Como se expone en el artículo de  Delia Montero y Ángel Hernando, algunos de estos mitos identificados en Cincuenta sombras de Grey-así como en las novelas de Corín Tellado- son: el mito de la “media naranja” o “amor predestinado”; la afirmación de que los celos son un signo de amor; el mito del amor omnipotente que “puede con todo” y el mito de la abnegación o exceso de empatía que supone conductas de la mujer víctima, como el cuidado y defensa de su agresor o pareja.

En conclusión, pese a que en un primer momento pueda parecer que la novela sentimental ha evolucionado hacia la independencia de la mujer, la verdad es que los mitos nocivos que ejercen una influencia negativa en las lectoras sigue vigente y es capaz de alzarse con el rotundo éxito de un bestseller.

 

Yaiza Sevillano Ramírez.

 

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