LOS OTROS 13

images (2)La cápsula se vacía rápido pero mis pulmones no, siguen encharcados de aquella cosa tan viscosa. Por unos segundos temo por mi vida, hasta que logro expulsar por la boca aquella especie de líquido amniótico en el que llevo tanto tiempo sumergido. Al hacerlo siento tal sensación de alivio que hasta me mareo.
Intento levantarme pero no puedo, mis músculos no me hacen caso. Ya nos avisaron que esto pasaría, así que no me alarmo en exceso. No sé cuánto tiempo me paso mirando al techo, pero se me hace interminable. Decido aprovechar ese tiempo para repasar todo lo que recuerdo.
“Mi nombre es Silver, pertenezco al contiente Afroeuropeo. Soy uno de los 14 pasajeros espaciales designados entre millones de personas de la tierra para ir como avanzadilla a Cerwall, el tercer planeta del sistema solar Trappist-1, antes llamado D. Nosotros decidiremos si es habitable y si los pocos habitantes sanos que quedan en la Tierra pueden vivir allí. La precolonización de los dos primeros planetas fue un fracaso y las esperanzas de que la raza humana sobreviva dependen de que este reúna todas las condiciones. Salimos el 25 de octubre del 2071 y si estoy despierto debe ser que estamos en el mismo día pero de 2085”
Mis dedos empiezan a obedecer a mi cerebro mientras acabo de situarme mentalmente. Todo parece volver lentamente a la normalidad.
A los pocos minutos de empezar a mover las falanges de mis manos, el resto del cuerpo le sigue con relativa rapidez. En apenas 15 minutos, mi cuerpo recobra la movilidad, ya estoy preparado para intentar salir de la cápsula de aislamiento temporal. Es relativamente fácil salir de allí e incluso permanecer de pie. Nos habían dicho que podían fallarnos las fuerzas al principio, pero en mi caso, no ha sido así. Solo un fuerte dolor de cabeza, a modo de resaca, me recuerda que llevo durmiendo 14 años.
Lo recuerdo todo como si fuera ayer, en cierta manera así es. Mi cara, que veo reflejada en el cristal de mi cápsula, está igual que cuando salí de la tierra, no ha envejecido nada, me siento como Dorian Grey pero del siglo XXI, da hasta un poco de miedo y todo. En estos 14 años el cáncer, la gran epidemia que estaba a punto de acabar con la especie humana, puede haber conseguido su objetivo. En estos 14 años mi hija pequeña se ha podido casar y tener hijos. En estos últimos 14 años han podido pasar mil cosas, sin embargo, yo sigo igual… exactamente igual.
Nada más salir de aquel supositorio gigante dirijo mis pasos a las otras 13 cápsulas. Todas siguen activas, todos los demás duermen aún. Así está previsto. Mirándolos, me dan un poco de envidia. Han sido elegidos por sus méritos entre toda la población humana sana. Allí están, entre otros, Lee, la mayor eminencia mundial en el campo de las matemáticas, la gran geógrafa Elsa Battencor y el campeonísimo olímpico Miguel Calderón, que viene en calidad de aventajado físico. Lo mejor de cada casa. Los elegidos para empezar a poblar el planeta Cerwall en caso de que sea posible habitar en él. Mi único mérito, en cambio, es ser el hermano menor de la célebre Joan Cerwall, la astrónoma que descubrió el planeta y le dio nombre. Ella, antes de enfermar, pidió a las autoridades competentes que yo fuera uno de los elegidos. Mi condición de bibliotecario de la mayor biblioteca de toda Afroeuropa les ayudó a darme el sí. Mi papel en esta misión es, en teoría, salvaguardar el conocimiento humano. Algo demasiado fácil de explicar pero difícil de poner en práctica. Mucha presión para mis escasos hombros, teniendo en cuenta, además, que entré en aquella biblioteca también por enchufe.
Me dirijo al centro de navegación, al centro de mando, para comprobar que todo está bien. Lo hago de forma intuitiva, sin darme cuenta. Simplemente mis pies se dirigen hacia allí. Le pido un informe a Brain, el potente ordenador que controla todo el viaje. Brain es quien pilota, quien vigila que todo esté bien, quien almacena en su base de datos los 2000 mejores libros de la literatura universal… resumiendo, Brain es el jefe.
Cuando sale el informe, me alarmo y lo compruebo 23 veces. Algo ha salido mal. Estamos en el 25 de septiembre de 2084. Falta un año y un mes para llegar a Cerwall.
Un escalofrío me atraviesa de la cabeza a los pies y me dejo caer pesadamente en el suelo. Yo y mi maldito afán de protagonismo. Me llevo las manos a la cara y grito, como si alguien, salvo Brain, pudiera oírme. Me está bien empleado, pienso. Antes de salir, soborné al programador de las cápsulas de aislamiento temporal para que me despertara a mí unas semanas antes de aterrizar en el nuevo planeta y a mis compañeros unos días más tarde. Harto de ser el hermano pequeño de Joan Cerwall, quería pasar a la historia de la humanidad por algo grande. Quería ser el primero en pisar el planeta salvador. “Lleva mi apellido. Si lo piensas, es lo justo” le dije al chico que se ocupaba de programar la descompresión de las cápsulas. Maldito bastardo. ¡La has cagado Silver…! ¡la has vuelto a cagar!
Necesito amortiguar el golpe. La perspectiva de un año solo en el hiperespacio no es del todo de mi agrado. Me gusta la soledad, pero solo si sé que hay alguien al otro lado de la pared. Quiero alcohol, necesito whisky. Por favor, Brain, haz que haya alguna bebida espirituosa en la cocina. Paso por el jardín botánico, donde algunas de las especies vegetales más comunes en la Tierra aguardan para ser trasplantadas a Cerwall. No les hago mucho caso. No necesito zanahorias ni olivos en estos momentos. Atravieso la cámara de la fauna, donde unas cápsulas parecidas a la de los humanos, pero más pequeñas, mantienen en perfecto estado de crionización los embriones de dos especies animales acuáticas, tres terrestres y otros tres huevos de aves. Soy incapaz de distinguir qué animales son, será una sorpresa, supongo. Tampoco me interesa en exceso saber cuáles serán los primeros animales allí.
Por fin llego a mi destino. No sé por qué hay un cartelito en la puerta en el que pone cocina, si es más un laboratorio que otra cosa. En ella solo hay una máquina llena de píldoras, que se supone que es lo que vamos a comer durante una muy buena temporada… por lo menos hasta que los embriones animales crezcan y demos buena cuenta de ellos, una depuradora de agua para beber e hidratar las sabrosas píldoras alimenticias y una nevera llena de botes y tubos de ensayo que alguno de los otros 13 sabrá utilizar. Nada con lo que apaciguar mi paz interior, nada para olvidar que estoy solo.
Paso enseguida a la opción B pero es inútil. Los elementos están contra mí . No hay una puta cafetera en toda la nave. ¿Cómo va el hombre a salvarse si nos olvidamos de lo básico cuando vamos a buscar nuevos mundos en los que poder vivir?. No merecemos tener futuro, pienso abatido mientras me consume por dentro la desidia, la impotencia y la ira.
Vuelvo al centro de navegación, es el único sitio de toda la nave donde se puede ver qué hay fuera. Nada. No hay nada. La más asquerosa e inhumana de las oscuridades lo envuelve todo. Espero que hayas aprendido la lección, Silver. Te vas a pasar más de un año solo, encerrado en esta nave, deseando que llegue la hora en que las cápsulas se vacíen para contarle a los otros 13 lo gilipollas que fuiste.
Te lo mereces. Sabes que te lo mereces.
Me siento abatido en la sala común, donde hay unas mesas y 14 sillas. Me siento solo, en todos los sentidos. Intento planificar qué haré durante todo este año y soy incapaz de pensar en nada. Solo me queda resignarme y autocompadecerme.
Va a ser un año muy duro.

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Un comentario en “LOS OTROS 13

  1. Jose me encanta la fluidez con la que escribes. La historia me parece de lo más creíble, desde la perspectiva del país donde vivimos que funciona a base de enchufes. Tiene su punto humorístico al más puro estilo José. Y tú imaginación no para aunque estés a 38 años luz de La Tierra.

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