Memorias de un pensador

Apuntes: La duda . El miedo .La vergüenza.

(Este es mi laberinto, mi puzzle y estas algunas piezas para intentar completarlo).

(Anónimo)

Cuando la “profe” inicia esta primera sesión o clase. Nos habla del bloqueo. Refiriéndose a esos momentos en los que no…en los que no sabes o puedes continuar , ese relato que estabas desarrollando.

Ella, en ese preciso momento, me hace reflexionar: ¿Cuales son los motivos, por los que nos quedamos atascados, planteándonos seguir o no seguir escribiendo?.

El escenario.

Estamos sentados alrededor de una mesa rectangular y una vez hechas las presentaciones, constato que a todos,as nos mueve la misma inquietud por la escritura, y que, a todos,as nos asaltan las mismas dudas y temores sobre este asunto.

¿Seremos valorados?, ¿captaremos su atención?, ¿despertaremos su interés?, ¿Podremos resistir sus críticas?, y por último, algo muy importante ¿haremos el ridículo?.

La verdad es, que todas estas cosas son las que atenazan y bloquean nuestro cerebro. Y es que el ser humano tiene este sentimiento atávico, desde el principio de la humanidad. Un legado de supervivencia de nuestros ancestros, y no es otra cosa que, el miedo.

Y mientras escribo esto, esperando el bus 165, que me llevará a la Plaza de España, oigo a un señor muy simpático y jovial, decirle de forma desenfadada al vendedor, que ocupa la cabina de los ciegos, que hay junto a esa parada:

“Padre he vuelto a pecar” y con sonrisa picarona hace una genuflexión, simulando que está junto a un confesionario. Debo decir que me sacó una sonrisa , acompañada de risa interior.

Pero volviendo a la mesa rectangular, me percato que la “profe”, ( y especulo un huevo con esto) -perdonad pero pensaba en voz alta-. La “profe” .- decía- , intenta conducir la sesión. Tiene ante si un a una gran variedad de personas, distintas edades, procedencias, sensibilidades y niveles de cultura y me atrevería a decir distintos grados de experiencia sobre la vida.

Así que rectifica y vuelve a reconducir la clase una y otra vez, haciendo hincapié en las técnicas de escritura que han utilizado y utilizan los mas versados y consagrados escritores,as. Técnicas tales como crear interés, llamar la atención, hacer que el lector se haga preguntas, abrir interrogantes.

Debo decir que me gusta aprender y aprendo, pero asombrosamente , (porque yo creía saber bastante9, me doy cuenta, de que no se nada. ¡Me queda tanto por aprender!.

Claro que todo es relativo y comparable, pero sincera y definitivamente, me rindo a la evidencia. No se nada.

Pero estoy en ese proceso que se llama aprendizaje y eso ya es positivo.

En cualquier caso , me lo paso fenomenal. Tengo por decirlo así , “un cerebro juguetón, guasón y socarrón”, como si tuviera un Peter Pan en mi cabeza, y con Wendy revoloteando de neurona en neurona, sugiriéndome un sinfín de ideas y aventuras.

Y no paro de especular, imaginando a los demás aspirantes a escritores con sus dudas. Yo les diría que no las tengan , que plasmen sobre el papel todo lo que quieran decir, como yo estoy haciendo, en este preciso momento. Si es que quieren decir algo. Otra cuestión es como decirlo. Pero eso se aprende y hay buenos maestros cerca de nosotros.

Escribir sobre las personas que quieres o has querido, vivos o fallecidos es un buen tema literario. La carga de sentimiento que se desprende de esas vivencias, te posibilita enormemente para escribir una historia real y efectiva.

Es por eso que les quiero contar una, que sucedió muy cerca de mi, y empieza así:

Jose Luis prometió a su familia, que cuando se jubilara, les invitaría a comer a un restaurante, que había en el barrio donde se crió y creció.Pero unas fechas antes, un trágico suceso entristeció a toda la familia. Su madre y hermana fallecieron una tras otra, con solo quince días de diferencia.

Toda la familia se había volcado en los cuidados de las dos personas fallecidas, pero sobre  él cayó doble responsabilidad, al hacerse cargo de su hermana en su propia casa, durante meses. La curaba, la mimaba, y le hizo mas fácil los últimos días de su vida, cuidándola hasta su último suspiro.

Pasaron unos meses, y se dijo,- una promesa es una promesa-, así que lo organizó todo para reunir a toda su familia, hijos, hermanos, primos, sobrinos, nietos,en aquel restaurante tan familiar y acogedor que había elegido para el evento. Le constaba que era del agrado de la mayoría. Habían comido allí numerosas veces con su madre y hermana y sabía que les encantaría. El restaurante con sus mesas de madera y manteles de colores rojos y blancos y sillas de enea. Las paredes pintadas con colores ocres y amarillos, lucían unos cuadros con motivos de utensilios de cocina , que adornaban adecuadamente los salones. La comida era casera y les recordaba la comida que les hacía su madre y abuela, cuando eran pequeños. Y el servicio era muy atento y agradable. Pero otro trágico acontecimiento aplazó la celebración. Una sobrina de él falleció después de una larga y terrible enfermedad, cayendo como una pesada losa en el núcleo familiar. Ella, Esperanza solo tenía 41 años, dejando un hijo de 11 años y su marido Jordi, totalmente destrozados y por supuesto al resto de la familia.

Aquel año estaba siendo terriblemente trágico y especialmente doloroso, así que decidió aplazar la comida para mas adelante. Los ánimos estaban bajo mínimos.

Pasados unos meses, decidió hablar con el resto de la familia y les sugirió hacer aquella comida que estaba pendiente, y presentarla como un homenaje a sus seres queridos ya fallecidos. También pensó en decir unas palabras, hacer un pequeño parlamento, que por otro lado, creía oportuno y adecuado. Curiosamente cuando se veían o reunían eludían el tema de las muertes y pasaban de puntillas sobre esa triste realidad.

¿Pero como empezar?, ¿Como llamar su atención?, siempre le interrumpían.

Ya sé ,- se dijo para sus adentros-, les diré que serán solo dos minutos, pero que además, había dado órdenes a los camareros, de no servir la comida,hasta que él les diera la orden o señal.

Llegó el día señalado y empezó así:

Querida familia, gracias por estar aquí y compartir conmigo esta comida, (se dio cuenta de que su tono era un poco triste y antes de pasar a lo trágico, decidió darle un giro).

Y prosiguió.-Vosotros creéis que me conocéis, pero no es así, -hizo una pausa- y continuó…

Os debo una disculpa y tengo que …confesaros …una adicción personal, adquirida hace ya muchos años y de la que no he podido curarme, hasta hace relativamente muy poco tiempo.

Las caras de sus hijos, nietos y demás familia eran de estupefacción, sorpresa e intranquilidad, augurando los peores presagios, (Sería demasiado después de todo lo que habían pasado).

Y prosiguió:

Ahora quiero presentaros a la nueva persona que soy:

¡Mi nombre es : -dijo alzando la voz-, José Luis García y SOY ADICTO AL TRABAJO!

(Varios murmullos se oyeron en la sala)

Y prosiguió.- Mejor dicho, ¡ERA ADICTO AL TRABAJO!, Afortunadamente me he curado.

¡Ya estoy JUBILADO!.

Las caras de los presentes cambiaron de repente y se oyó algún que otro suspiro, sobretodo de sus hijos y hermanos que estaban próximos a él

Y continuó:

Hoy, soy yo el protagonista. Como ahora tengo tiempo para leer y otras aficiones, he buscado en el diccionario la palabra PROTAGONISTA y dice así:

Protos= del griego primero

Agonystes= actor

¡Está claro, primer actor!. (la atención era máxima).

Y continuó- Recuerdo a mi querida hermana Loli, que siempre que llegaba a casa,  empezaba a posar delante de mi cámara fotográfica, o la de mi hermano y gesticulando con la mano y moviéndose como una modelo profesional, decía, esbozando su gran y bonita sonrisa:

“¡Cual es mi cámara?”, y sin dejar de sonreír, se contoneaba, girando una y otra vez la cabeza.

¿Lo hago bien hermano?, mirándome con esos ojos,cuadro foto familiar azules como el cielo.

Os acordáis, no?, ¡Como nos hacía reír!.

Los allí  presentes, incluidos varios amigos, no pudieron evitar las lágrimas, recordando no solo a su hermana Loli , sino a su madre y a su sobrina fallecidas en aquel triste y fatal año.

Y fue en ese preciso momento cuando José Luis miró  hacia arriba, buscando quizás algún signo de su hermana ausente y con la voz entrecortada por la emoción, dijo:

¿Lo hago bien hermana?

 

 

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