Vergüenza ajena

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¡Yo la sé! la respuesta; ¡yo la sé!  El “Romance de la Luna, luna” pertenece al Romancero Gitano y lo compuso Federico García Lorca.

Podría levantar la mano y responder, y el “Hoyuelos” , el profe de Literatura,  sonreiría satisfecho haciendo honor al mote que le hemos puesto. Pero no sé a quién quiero engañar; no voy a levantar la mano. Sólo de pensarlo, se me hace un nudo en el estómago,  así que esquivo la mirada del de Lite
, agacho la cabeza y vuelvo a subrayar por enésima vez el título del tema: Poetas de la Generación del 27.  Pero no dejo de repetir mentalmente la respuesta  Federico , García Lorca,  El Romancero Gitano…. como si quisiera que el Hoyuelos sintonizara mi silenciosa frecuencia y me oyera.  Pero en realidad no despego los labios, ni pestañeo, ni muevo un dedo.

El profe repite la pregunta y arquea las cejas expectante, aunque sabe de sobras que no puede esperar mucho  de sus alumnos. En esta clase la gente no lee y a casi nadie parece importarle que el gran poeta granadino muriera fusilado por sus ideas. Me pregunto por qué muchos de mis compañeros están haciendo un bachillerato de letras si no son capaces de pasar de la primera página de un libro.

Tras pasearse entre las mesas y esperar a que se obre el milagro y alguno de nosotros  conteste la  pregunta , el Hoyuelos se acerca a la primera fila y repiquetea con sus pulcros dedos en mi mesa.

¿Alba? – me invita a  contestar.

El corazón se me sale del pecho. Noto cómo me arden las orejas y empiezan a sudarme las manos que antes sostenían un bolígrafo y ahora lo han soltado de golpe. Trago saliva.  El Hoyuelos me tiene fichada; sabe que yo también escribo poesía. Pero ¿y si me equivoco al responder?  ¿Y si es Pedro Salinas el autor del poema? No, no,  ¿pero qué digo? Estoy segura: el poeta de la luna es García Lorca. Probablemente nuestro profesor piense que me está concediendo mi minuto de gloria para despuntar por encima de todos estos zoquetes,  pero yo quiero que me trague la tierra.

De pie frente a mi, con los brazos cruzados y una creciente mueca de desesperación en el rostro, el Hoyuelos sigue esperando una respuesta que soy incapaz de verbalizar porque sólo escucho el pulso acelerado de mi respiración.  Inspiro para contestar pero antes miro de reojo a Tania, la chica más guapa de la clase: alta, de piel tostada, exuberante melena castaña,  ojos verde aceituna y  sonrisa “de fría plata”. Creo que si  ella y Lorca se hubiesen conocido,  el poeta le habría dedicado unos versos en su Romancero Gitano.

Ojala yo fuera como ella… tan bonita, tan orgullosa, tan segura de sí misma. Si lo fuera, tal vez Álex se hubiese fijado en mí y no en ella. Ay, Álex…. el chico nuevo… Llegó en septiembre con sus andares felinos, su risa ligera y su tieso flequillo. Triunfó entre los alumnos por su desparpajo, y entre las alumnas por su irresistible encanto.  ¡Ay! “¡Qué trabajo me cuesta quererte como te quiero! Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero”. Esto no lo digo yo, se lo dijo Lorca mucho tiempo atrás a un amor no correspondido. Es curioso que yo, casi un siglo más tarde, sienta lo mismo.

El Hoyuelos pronuncia de nuevo mi nombre. No tengo más remedio que responder. Mi voz tirita, se encoge, pero hago acopio de valor y contesto. Todos se giran y noto el peso de sus miradas en mi cogote.

¡Repelente! – leo en sus ojos.  ¡Empollona!- dicen sus risas.

¡Envidiosos!- concluirá mi madre cuando se lo cuente en casa más tarde.

Estoy a punto de bajar la vista de nuevo a mi cuaderno, pero alguien más interviene:

– Lorca murió fusilado…. – añade Álex a mi respuesta.

¡Lo sabe! ¡No puedo creerlo! ¡Le amo! ¡ha leído a Lorca, aunque lo niegue frente a los demás para hacerse el chulito!

Toda yo soy una traca multicolor de fuegos artificiales, pero sólo por dentro, por fuera no se me nota nada.

… por maricón –puntualiza Álex con retintín.

Siento que me atraviesan los cuatros puñales que acabaron con Antoñito el Camborio. Álex es otro payaso más de la clase y el resto aplaude su intervención con sus risas de hiena y sus aullidos de monos enjaulados.

Menudo gilipollas…- pienso, pero de nuevo para mis adentros,  para que no se me note por fuera la decepción que siento en este momento.

Podría girarme hacia él y espetarle un “¿por qué no te callas?”, pero mi timidez me impide hacerlo, así que me zambullo de nuevo en mi silenciosa frecuencia y doy gracias a Lorca por descubrirme que es este tipo de ignorancia lo que me produce vergüenza. Pero vergüenza ajena.

Beatrice Holmes

Así el mundo quedó en duelo

y está llorando a porfía

por Federico García

con un doliente pañuelo;

no pueden hallar consuelo

las almas con tal hazaña.

¡Qué luto para la España,

                           qué vergüenza en el planeta

de haber matado a un poeta

nacido de sus entrañas!

(Un río de  sangre corre, Violeta Parra)

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3 comentarios en “Vergüenza ajena

  1. ¡Me has hecho viajar en el tiempo!… A aquellas clases de mi adolescencia, el payaso de la clase, la chica tímida, lista y por supuesto, la literatura…
    ¡Lorca, inmortal! No uso sombrero pero cuando pienso en él, me duele. Mi favorito desde hace mucho tiempo “Ciudad sin sueños” Allí me identifico
    “No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
    Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
    o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas”

    Saludos ¡Me encantó! Scarlet

    Le gusta a 1 persona

  2. Muchas gracias por tus comentarios, Scarlet.

    Entre “fans ” de Lorca nos entendemos 😉

    Me alegro de haber podido transmitir la atmósfera de aquellas clases , las de otros tiempos…

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