¿Sandalias o tacones?

Hay momentos que se quedan anclados en nuestra memoria para siempre.

Hay personas que nos tocan el corazón, una sola vez, y su pisada perdura en nosotros, son el rescoldo que nos calienta aunque llevemos en nuestro interior un largo y silencioso invierno.

¡Cuando tiempo sin saber de ti¡P1020971

La distancia se desdibuja cuando me llamas, cuanto te llamo, cuando nos hablamos. ¡Sentir tu voz me llena tanto¡. Su sonido me traslada a aquella terraza del barrio de la Tatxonera, en Barcelona, tú y yo, el sol, la piscina hinchable, tu dentro y yo fuera. Tu con coletas, yo con trenza.

Tú Jaen, yo Tarzán.

Aquella infancia de mediados de los sesenta nos une y nos alegra la mirada aún hoy que estamos en el siglo XXI. ¡Han pasado casi cinco décadas¡

De mi primer patio de recreo, que fueron los brazos de mis padres salte a tu lado en aquellos días estivales. Teníamos apenas cinco o seis años. ¿Lo recuerdas?. ¡Tanto compartido¡

Aún cuando nuestras vidas de lo cotidiano, ponen barreras a un día para vernos, aún cuando el vivir diario en nada nos aproxima, tú y yo hemos sabido mantener el hilo de aquella amistad de olor a regaliz, caramelo y televisión en blanco y negro.

Y cuando me llamas ó te llamo, todo nos vuelve a colocar sobre aquel patio trasero, en aquel ático de la ciudad condal, en la c. Santa Rosalía, y ambas nos transformamos en aquel par de niñas, somos las de ayer.

Tú timidez, mi desparpajo.

Tú en remojo, yo saltando y gritando :ah aha ahahahaahah. Yo calzando aquellas sandalias de goma, tipo cangrejo, que olían a mil demonios, hacían daño en mis dedos, pero que si no me las ponía no teníamos juego. Mi madre me había prohibido caminar descalza. Si me las quitaba ella recogería la piscina y pondría fin a nuestros momentos de fantasía.

Todo el tiempo no compartido se vuelve parte de nuestra vida cuando nos reencontramos, yo te cuento y tu me cuentas. Mudamos silencios por un abrazo que nos reconforta y nos alimenta el alma, nos llena de más amor y de más amistad.

Y así nos mantenemos unidas, y así alimentamos nuestra relación desde que nacimos.

Hoy toca bautizo familiar, me has pedido que sea el conductor, la que de la bienvenida a tu hijo a esta senda de vida.

Me he sentido muy halagada por tu petición y a la vez muy aterrada por no saber si sabré estar a la altura de lo que tú esperas de mí. Además que nunca he desempeñado ese papel, con lo cual voy a pelo, sin protección. De nuevo me toca hacer de Tarzán.

Hoy me has llamado a las doce de la noche. Pensé que había sucedido algo grave, por que a esas horas nadie que tenga dos dedos de frente llama a una amiga para hablar. Me has comentado que seremos pocos los invitados, unos diez. Yo solo te conozco a ti. Más estoy segura que me sentiré bien recibida. Tus amigos serán mis amigos y por fin conoceré a la persona que has elegido para compartir tu vida y formar tu familia. ¡Una familia¡. Eres muy valiente por dar este paso de gigante en tu vivir. Me alegra ver que has encontrado el amor en tu camino. Tu llamada me deja rebozada de ternura y cariño. Sentir que eres dichosa me hace a mí sentir lo mismo.

Se acerca la fecha y no he decidido aún que ponerme.

El guión ya lo tengo preparado, lo he encuadernado y lo he dejado ya en la entrada de casa, así seguro que no se me olvidará. También dejo en el recibidor el navegador para no perderme.

La duda la tengo con el calzado. No sé que llevar.

Estamos en Junio, hace calor, estaremos en la terraza, patio exterior… ¿ qué me pongo sandalias ó tacón?.

Me hace ilusión sacar a pasear los Manolos comprados en Via de la Croce, en Roma. Todo un lujo que ahora no me podría permitir. Recuerdo el comentario de la dependienta, mientras colocaba mis zapatos azules, de tacón de aguja de 9 centímetros, en la caja Blanca : “ Son una obra de arte, hechos artesanalmente. Una vez te los colocas y caminas, una fuerza y un encanto muy especial y único te transformarán por completo”.

Le di las gracias, pero sin terminarme de creer aquel milagro. Más cuando me los calzó, es verdad, sufro una metamorfosis, pero no como la descrita por Kafka… al caminar mis movimientos son más sensuales y glamurosos, y eso da un estilo que me hace ser más coqueta…

Lo tengo decidido, para conducir y luego descansar de las alturas, mis sandalias planas. Más a mi llegada quiero destacar, quiero sacarle partido a mis zapatos de tacón.

Me has dado las indicaciones para llegar a tu hogar, pero lo mejor es poner el navegador y que él haga el trabajo.

Como siempre parece no atender el dichoso artefacto a mis indicaciones, dice en la rotonda la primera a la derecha, pero yo sé que si le hago caso no llego a tu casa. No quiere llevarme a tu encuentro.¡ Sera celoso ¡

El tráfico para atravesar Barcelona es tremendo hoy viernes noche. El trayecto que por lo normal debería de llevarme una hora, en verdad me cuesta el doble. Llego tarde. Estoy muy nerviosa, por celebrar un acto tan familiar y peculiar, por conocer a tu familia, por llegar a tu casa… por todo…

Una cosa tengo asegurada, sin mí no hay fiesta¡

Hay prisas en mi recibimiento. Llego más de una hora tarde. Octavio está cansado así que nos presentamos aceleradamente y nos concentramos todos en hacer de este momentos algo muy especial.

Sobre una mesa, de obra, hay una mantel ceremonial, adornando una fuente de cristal de baja altura y ancha boca, con un poco de agua. Para cogerla hay medio caparazón de una almeja gigante anacarada, aquella que te traje hace décadas del Mar Rojo. Un cirio bautismal llevan los padrinos. No falta detalle en este evento informal.

Tu hogar, un lugar varado en el tiempo, alejado del ruido, ajeno de lo cotidiano, rodeado de mucha vegetación que te protege de miradas indiscretas. Tu morada de luz, de paz, de vida…. mucha vida y amor, mucho amor.

El entorno es ideal, el jardín está adornado con velas que iluminan la escalera y la barandilla.

La noche es mágica, el amor se puede masticar, el calor humano es desde el corazón y para el corazón.

Tú llevas en brazos a Octavio y lloras durante mi elocución. Te aprieto la mano para transmitirte mi cariño, en un momento de total emoción veo como las lágrimas adornan el rostro de todos los asistentes, tu amigo Manuel graba todo sin perder detalle. Me siento flotar. El amor navega suspendido en el aire, alcanza el jardín y nos arropa a todos. Una sensación de quietud intima nos hermana.

Una vez terminada la ceremonia insististe en mostrarme la casa por dentro. Pasamos por las diferentes estancias, cuentas la procedencia de algunos de los muebles que la adornan. Asidas de la mano vamos de sala en sala… nos detenemos en la biblioteca ó sala de estudio a contemplar algunas primeras ediciones. No dejamos de sonreír.

Regresamos al jardín y me presentaste, ahora con más serenidad, a tus amigos.

¡Que grandes amigos tienes¡ Toman mi mano, no me hablan, su gesto de aproximación es tan sincero, tan directo y tan lleno de ternura que mi alma se va tras ellos. Me han recibido con los brazos abiertos y los corazones dispuestos. En pequeñas reuniones han ido uno a uno desfilando a mi lado para contarme de tu vida, de las suyas y me han inyectado tal cantidad de amor que mis pies no tocan el suelo y no siento más que felicidad.

Antes de llegar tenía dudas pero una vez terminada mi labor un arcoíris de emociones reboza mi corazón y ha dibujado una sonrisa de Mona Lisa en mi rostro.

Has abierto el grifo al agua de la felicidad y quiero que se desparrame sin control, sin medida. Quiero sentirme por siempre así.

Esa sensación, maravillosa, perdura aún hoy en mi. Va en mi mirada, en mi forma pausada de caminar, en mis ademanes menos ásperos. Algo de vuestro amor ha calado dentro de mí. En aquella ceremonia además de dar la bienvenida a Octavio, algo se desprendió de mí. Tal vez cayo al suelo mi caparazón, aquel que tú me decías utilizaba ante los demás. Hoy me siento más ligera y la carga que percibía a mi espalda se ha evaporado.

¡Gracias, amiga mía, por asir mi mano en esta senda maravillosa¡

Todos brillamos en tu jardín, en tu hogar todo es harmonía, paz y serenidad.

No tengo más que palabras de gratitud para ti, alivias mi alma, sosiegas mis angustias, me arropas con tu abrazo. Eres la amiga que sin llamar tiene la puerta de mi hogar abierta, la que no pregunta, la que me acompaña, la que me tiende su corazón y no espera recompensa. Así eres tú para mi y yo para ti.

¡Gracias amiga mía por arroparme con tu cariño y hacer mi caminar más ligero¡

Son las tres de una madrugada mágica.

He llegado a mi casa flotando. No soy consciente del tiempo. Mientras conducía de regreso, en mi mente se iban repitiendo secuencias de la experiencia vivida en tu casa, con tu familia, con tus amigos.

En la caja blanca guardo mis Manolos y en mi corazón llevaré por siempre todo tu amor.

Me duele el rostro de tanto sonreír desde dentro.

Sobre las sábanas he esparcido las fotografías que captaron, en el ayer, nuestro nacer. Me las miro y me sonrío y doy las gracias por hallarte en mi camino. De niñas con aquellas coletas apretadas y tirantes… de adolescentes con la melena hasta la cintura… en nuestra juventud… en el ahora… El tiempo no se detiene y me alegra saber que no hemos mudado la mirada serena cuando nos encontramos. Cuando revivimos todo lo que fuimos y reímos hasta hacernos saltar las lágrimas.

Una vez más cierro los ojos al acostarme y doy las gracias por los dones que hoy he recibido… verte… conocer a tu pareja… dar la bienvenida a Octavio… arroparme con tus amigos y decirte “adiós” con un sentir de “para siempre”.

Me voy a dejar mecer por Morfeo… mañana toca trabajar y tengo que reponer fuerzas.

Recibo un wasap tuyo : “mañana para ir a trabajar ponte los Manolos, seguro que ligas. Buenas noches corazón. Besos de chocolate”.

Ma. Isabel Penelas

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