La mecedora de sueños

“Sentado en su hamaca preferida, apoyando su cabeza sobre su mano derecha, cerraba los ojos para disfrutar de su siesta, que no perdonaba y cuya duración no solía exceder los 10 ó 15 minutos. Como siempre, elegante con su chaleco y la camisa haciendo juego con sus calcetines. Era una persona muy detallista. Sus zapatos postrados a su lado hacían lo mismo que su dueño, un breve paréntesis que acortaba el resto del día”

Ella solía contemplarle de cerca, sentada en su butaca con el bordado entre las manos, siempre atareada a la par que entretenida, observaba de cerca la escena que se repetía día tras día, incluso podríamos ser exactos diciendo que se producía a la misma hora. De vez en cuando, Ana dejaba a un lado la labor y anotaba en un pequeño cuaderno, qué podría estar soñando Sebastián, y tal y como bordaba el mantel entre sus manos, hilo tras hilo, iba tejiendo una historia de sueños robados y lo más creativo del asunto, es que podrían ser inventados por esa mente curiosa, a la que le gustaba poner intención a cualquier gesto que el hombre inconscientemente hiciera cuando dormía.

Es por esto, que cuando Sebastián se sobresaltaba,  Ana acudía a su cuaderno posiblemente inventando una historia de terror que provenía de aquella “supuesta“pesadilla, o bien cuando sonreía plácidamente, su creadora al acecho de emociones, inventaba una historia de amor, lo mismo sucedía si movía un dedo, o si percibía algún tic en el párpado de uno de sus ojos, o bien si como pasaba a veces escuchaba algún pequeño quejido. Todo esto, hacía que Ana escribiera y las historias surgieran apenas de la nada y fueran poco a poco cobrando vida.

Ahora Paula, poseía este tesoro entre sus manos, el cual contenía la descripción de la escena detallada de Sebastián como prólogo del cuaderno que un día, Ana dejó guardado en su mesita de noche antes de partir a otro mundo en el que seguramente seguiría soñando e inventando.

Paula les echaba tanto de menos…sus abuelos, Sebastián y Ana, habían cuidado siempre de ella. No tenía apenas recuerdos de sus progenitores, los cuales fallecieron en un accidente de tráfico hacía ya 23 años, justo cuando Paula tenía 5 añitos. Fue entonces cuando Sebastián inculcó a la pequeña su pasión por el dibujo y la pintura, creció entre sueños, historias inventadas y mucha creatividad.

Ahora, era ella, la que con el cuaderno de su abuela entre las manos y con un lienzo en blanco delante, iba pintando la escena de su abuelo: “sentado en su hamaca preferida, apoyando su cabeza sobre su mano derecha, cerraba los ojos para disfrutar de su siesta….” Una vez la imagen quedó reflejada en el lienzo, tal y como su abuela la había descrito, firmó el cuadro con el nombre artístico que su abuelo solía emplear. Contenta y satisfecha del trabajo realizado, se giró para echar un último vistazo. Su abuela debía estar pletórica, adivinaba su sonrisa al contemplar a su Sebastián. Paula abandonó la estancia con cierta melancolía pero con la tranquilidad que proporcionan las cosas bien hechas.

Mari Carmen Rubín

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3 comentarios en “La mecedora de sueños

  1. Transmitir… esa fina línea entre el hoy y el mañana… ¡¡ Genial Mari ¡¡ Me ha gustado mucho… La anciana intentando capturar sueños, él soñando ajeno a todo… y luego la nieta haciendo la lazada del ayer y el hoy…. ¡¡¡ perfecto¡¡

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  2. He tenido que releerla varias veces porque esta historia es tan rica en matices que no quería perderme ninguno. Ese amor, casi veneración por los referentes en la vida de la protagonista. La dulzura con la que describes el más leve gesto, la más mínima expresión del momento de la siesta del que se deducen los sentimientos más profundos. ¿Quien no ha observado a alguno de sus mayores los rasgos intentando grabarlos en la retina para siempre? para no olvidarlos jamás .
    Esa habilidad que posees para conseguir que quien lo lee vea a través de la protagonista, del narrador e incluso desde la propia perspectiva de cada lector. Nos haces viajar del presente al pasado.
    Mari, veo una continuación de esta historia. Hay dos artistas dentro de ella una escribe y la otra dibuja…dan para mucho…mucho.

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