El blues de mi autobús

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Gran Vía-Bilbao 10:35h.

No me miras porque temes encontrarte con el deseo dibujado en mi rostro. No son mis ojos los que te miran. Lo sabes. Te estoy observando con las pupilas de la lujuria, mis sentidos han comenzado a desearte. Te sientes incómoda. No te has puesto tan guapa para mí, no es a este maduro al que pretendes seducir mostrando tus largas piernas. No es mi sexo el que quieres despertar. Tampoco a ningún otro. Te has vestido así, falda corta, pantis, camisa abierta hasta donde el canal que separa tus senos se muestra con atrevida picardía, porque te gusta. Te gustas. Para gustarme. También para gustarme.

Pero no me miras. No me mires. Que mis poros destilan ansiedad y este sudor comienza a enfriarme y no se si tiemblo de frio o por tu presencia. No me hables. Si me hablas me quedaré mudo. Te perdonaré que no saludes al llegar, que no me agradezcas que permaneciese con los brazos abiertos, con las puertas abiertas, esperándote mientras una serenata de bocinas, ¿las oyes?, me despierta miserablemente del sueño que me regalaste.

 

Eduardo Torralvo

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